Querer saber las cosas puede ser tan adictivo como cualquier droga, la sed desenfrenada de conocimiento a veces pasa desapercibida pues no causa enfermedad física alguna, al menos en apariencia. No se trata de que saber sea malo, sino que el ansia por tener el conocimiento, al igual que en otras áreas de la cotidianidad humana, ocasiona el estrés necesario para culminar con alguna dolencia que tarde o temprano nos afectará en el cuerpo físico.
También se les llama depredadores emocionales, no es fácil identificarlos, padecen un hambre real por alimentarse de las emociones de otros. Lo primero que hacen es sugestionarte con impresiones negativas que minen tu seguridad, y nosotros le damos permiso de chuparnos la energía si caemos en su juego.
"Serendipity, un accidente afortunado", dice Sara, la protagonista de la película con el mismo nombre Serendipity, explicándole al protagonista Jonathan, su palabra favorita.
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