Todos los eventos “buenos y no tan buenos”, alegres, tristes de rabia, en fin, cualquier cosa que nos haya ocurrido, ya pasó y mantenernos pegados a las emociones que se generaron en dichos eventos, le resta fuerza a la presencia de Dios en nuestras vidas.
Aunque a simple vista parezcan un frívolo producto decorativo de moda, las velas por siglos, han arrojado una luz en el progreso del hombre. Bien utilizadas logran limpiar ambientes y movilizar energías hacia los distintos aspectos de nuestra vida: trabajo, amor, salud y espiritualidad o fuerza interior.
Amar a Dios sobre todas las cosas, nuestro primer mandamiento. Sin embargo amar a Dios implica entonces Amarte a ti mismo, porque ya sabemos que somos una chispa de Él. Pero, no estamos acostumbrados a mirarnos con amor, e incluso hacerlo nos causa mucho dolor.
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