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Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
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Hay un viejo cuento que nos habla de una mujer, cuyo único hijo había muerto. En su dolor, fue a consultar a un hombre sabio, a quien preguntó:
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Usa tu inteligencia para buscar las cosas donde están y no donde no están, incluso si está oscuro. Busca dentro de tí.
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El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión.
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— "Cuando mires a tus compañeros procura mirarte a ti mismo", dijo el maestro al discípulo. Pero, ¿no es una actitud egoísta?, cuestionó el discípulo. Si nos preocupamos por nosotros mismos jamás veremos lo que los otros tienen de bueno para ofrecer.
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